Análisis funcional (primera parte)

Escribir sobre Análisis funcional es complejo. Éste engloba tantos aspectos, es el engranaje de tantas variables, procedimientos y técnicas y su importancia es tal que todo lo que se escriba sobre ello parecerá insuficiente. No obstante, tener un blog sobre ciencia y comportamiento prácticamente obliga a escribir sobre análisis funcional, de manera que iremos acercándonos al análisis funcional poco a poco, esta será solo una primera  parte del trabajo completo ¡here we go!

¿Un análisis funcional?… pero ¿para qué? ¿Cuándo se usa? ¿Qué aporta?

Analizar la conducta humana es la práctica por excelencia del conductismo, existen diversas áreas en las que se puede emplear, pues su fin es entender la conducta pero vamos a centrarnos a continuación en el papel del análisis funcional en terapia, en el área de la psicología clínica (aunque los principios y nociones son comunes y generalizables) abordando desde aspectos básicos y asequibles a aspectos más complejos.

La mayoría de los clientes que acuden a consulta están muy preocupados por saber qué les ocurre y sobre todo porqué les ocurre y cómo solucionarlo. Muchos nos insisten al principio con preguntas como: Y lo que yo tengo ¿cómo se llama? ¿ansiedad? ¿depresión? ¿qué diagnóstico tengo?

Los psicólogos no diagnosticamos “trastornos”, no etiquetamos a la persona , pues dar un nombre que haga referencia a una descripción general de un problema “tipo” es inútil (para diseñar el tratamiento e inútil para comunicarse entre profesionales, los comunes argumentos para defender las etiquetas no tienen base) y conlleva más bien inconvenientes (estigmatización, indefensión…). Hemos de dejar claro que en eso no consiste nuestra función, LOS PSICÓLOGOS NO PSICOANALIZAMOS NI DIAGNOSTICAMOS, ANALIZAMOS FUNCIONALMENTE. Bien pero ¿eso qué es? ¿Cómo les vamos a ayudar? Después de unas sesiones de evaluación concretaremos qué le ocurre a la persona, pero no en una categoría, sino en una explicación más extensa e individualizada basada en las variables concretas que intervienen en el problema. Así pues, desde el primer contacto terapéutico tiene que quedar claro nuestro modelo de trabajo: los comportamientos (tanto adaptativos como desadaptativos) se aprenden y por tanto se pueden desaprender. Estas son las bases sobre las que se construirá el resto de la intervención y tiene que quedar también muy claro el papel del análisis funcional, pues es nuestra herramienta más potente, a través de la cuál los terapeutas explicamos el comportamiento problemático. Solo mediante un A.F podremos proporcionar un tratamiento adecuado, dirigido a modificar las variables que mantienen la conducta problemática.

Si el objetivo de cualquier terapia psicológica es aplicar el mejor tratamiento posible a un cliente, el análisis funcional es la única vía, además de una vía eficaz,  para lograrlo.

Bueno y  ¿qué es exactamente el análisis funcional?

El análisis funcional es un procedimiento básico en el que se plantean hipótesis (basadas en teorías empíricamente comprobadas) que se contrastarán a posteriori al aplicar el tratamiento. El objetivo del análisis funcional (A.F. a partir de ahora) es el control y la predicción, para la posterior modificación, de la conducta de los organismos.

Como aclaramos al definir conducta en otra entrada, la conducta es todo, la conducta es la interacción entre la situación ambiental y la respuesta, por tanto el A.F. se centra en la relación concreta y puntual que se da entre dichos elementos. La conducta se considera un “acto continuo”, de manera que para analizarla hay que segmentarla en unidades discretas y escoger un período de tiempo a analizar, en el caso de la intervención terapéutica es el actual (no el pasado, no nos sirve para entender por qué se está dando el problema).

La unidad básica que se analiza es la contingencia de tres términos, que hace referencia a los eventos antecedentes y consecuentes de las respuestas. De forma muy sintética estos son los elementos que  componen el A.F.:

Tendríamos en cuenta, por un lado las SECUENCIAS, tanto de Condicionamiento operante como de condicionamiento clásico:

1. Estímulos:

– El estímulo antecedente o mejor dicho: contexto estimular antecedente, pues puede estar formado por la combinación de varios estímulos. Pueden ser estímulos que elicitan respuestas de forma automática (esto es, estímulos condicionados) o estímulos que señalan la probabilidad de aparición de otros estímulos (consecuentes) si se da cierta respuesta (esto es, estímulos discriminativos).

– El estímulo consecuente son los cambios estimulares que se producen tras la respuesta y aumentan o disminuyen la probabilidad de ocurrencia de la misma. La relación contingente entre la respuesta y el consecuente puede ser: refuerzo; que aumenta la probabilidad de que se emita dicha conducta; y castigo: que disminuye la probabilidad de que aparezca de nuevo esa respuesta. Ambas contingencias pueden ser  tanto positivas como negativas en función de si la estimulación se añade (+) o se retira (-). Si profundizamos no solo en la funcionalidad sino en el tipo de estímulos podremos encontrar: internos, externos, sustitutos, etc.

2. Respuestas: están en función del estímulo: R= f(E), o como dirían los interconductistas:

A las formas de actividad del organismo, fraccionadas con propósitos analíticos, específicas de la reactividad frente a objetos y eventos de estímulo particulares, se les considera como respuestas. Ribes y López, 1985, p. 44.

Para la realización del A.F. se tendrían en cuenta también otras VARIABLES GENERALES:

Variables disposicionales: se trata de condiciones tanto ambientales como del organismo que facilitan e influyen de forma amplia en diferentes secuencias funcionales. Podrían entenderse como el “caldo de cultivo” o lo que facilita la probabilidad de ciertas interacciones entre los elementos.  Factores como: las habilidades del individuo, la hª de condicionamiento, funciones de refuerzo prioritarias…son algunas de estas variables.

Este ha sido un simple  acercamiento de lo que es el análisis funcional, cuyos objetivos han sido destacar su relevancia, señalar algunos conceptos clave, abrir el apetito a los lectores para seguir leyendo sobre análisis funcional (esto es solo la punta del iceberg) y redirigir a quién lo necesite al lugar en el que encontrar la formación adecuada, pues para conocer en profundidad este procedimiento, hay varios manuales de excelente calidad:

– Segura, M., Sánchez, P. y Barbado, P. (1991). Análisis funcional de la conducta: un modelo explicativo. Granada: Servicio de publicaciones de la Universidad de Granada.

– Pérez, M. (2004). Contingencia y drama. La psicología según el conductismo (Análisis funcional de la conducta, pp. 71-124). Madrid: Minerva.

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4 Respuestas a “Análisis funcional (primera parte)

  1. “Los psicólogos no diagnosticamos “trastornos”, no etiquetamos a la persona , pues dar un nombre que haga referencia a una descripción general de un problema “tipo” es inútil”.

    No estoy de acuerdo. Básicamente, porque no es cierto. A día de hoy se sabe que los trastornos del espectro autista se pueden entender como falta de repertorios conductuales (falta de estimulación). ¿Si un niño no es capaz de hacer tactos o no presenta ecoica o no presenta lo que algunos defienden como “naming”, no estamos etiquetando y comunicandónos entre profesionales? Creo que la critica es excesiva y además es incoherente con un planteamiento posterior (2). El problema no es etiquetar, el problema es etiquetar y ya está. Necesitamos apoyarnos en expertos y comunicarnos y para ello, aunque sea imprescindible y primordial el A.F. este tipo de prácticas es necesaria.

    Sin ir más lejos, el autismo se define por 3 características (García, Bujedo, Domínguez y Echegaray, 2001) :

    1. – Funcionamiento intelectual por debajo del nivel normal. (pruebas como CI).

    2. – Importantes alteraciones de la interacción social y de la comunicación que afectan a habilidades verbales como no verbales.

    3.- Patrones de comportamientos e intereses restringidos, repetitivos y esteriotipados.

    La cuestión es que una vez nos damos cuenta de que el niño es autista mandamos al **** la etiqueta y nos ponemos a trabajar con clases de equivalencia por ejemplo. Pero servir, sirve.

    (2) ¿Qué son comportamientos adaptativos y desadaptativos? ¿Lo usas en un sentido evolutivo? Criticabas con antelación que no podemos incurrir en los etiquetados de la conducta pero yo sigo sorprendiendome de este etiquetado y su uso en psicología. La conducta adaptativa. Antes de seguir por aquí quiero que me expliques tu uso técnico de este concepto.

    Enhorabuena,

    Luis Ignacio De Amores Cabello.

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    • Gracias por tu comentario Luis Ignacio, me gusta que este pueda ser un espacio para debatir y reflexionar así que vamos a ello:

      Los psicólogos no diagnosticamos “trastornos”, no etiquetamos a la persona , pues dar un nombre que haga referencia a una descripción general de un problema “tipo” es inútil. Esta crítica no es excesiva, en todo caso puede que haya dado cuestiones por supuestas y entonces la crítica no está bien argumentada, mis disculpas. Realmente creo que el tema de las etiquetas podría haberlo desarrollado en un entrada completa por que sí es cierto que hay mucho que decir, hay muchos argumentos detrás de mi aseveración, que por supuesto no todo el mundo ha de conocer y/o compartir:

      (1)Las personas utilizamos etiquetas, nos son tremendamente útiles para organizar la información y comunicarnos con los otros de forma rápida, sin necesidad de describir una por una las características que forman el grupo o categoría. Etiquetamos cosas y personas constantemente. Etiquetar en nuestro día a día es una conducta…adaptativa(o funcional en ese contexto) como diríamos los clínicos, pero etiquetar deja de sernos una conducta funcional en el ámbito clínico. Cuando en terapia hablamos de etiquetar a una persona con un diagnóstico, lo que estamos haciendo es resumir (y ni siquiera resumimos información de nuestro cliente/paciente) en una sola palabra, una serie de comportamientos o características por su MORFOLOGÍA, no por su función. Es decir, ese resumen de características y comportamientos no explican por qué la persona “tiene” ese problema, simplemente te dice que lo tiene, lo cuál además, no es lo decisivo para comenzar una intervención porque lo importante es que la persona sufre y no es capaz de cambiar, no si llega a cumplir los 3 o 6 criterios. Que una persona haya perdido el apetito, llore con frecuencia, tenga problemas de concentración y haya dejado de salir con sus amigos NO EXPLICA que tenga depresión, solo es una descripción, que además, reitero, en el caso diagnosticar “trastornos” como hace el DSM, ni siquiera es una descripción ajustada (idiosincrásica) de lo que le pasa a nuestro cliente. Lo realmente importante (la parte morfológica lo es pero no es determinante para el diseño de la intervención) es saber el porqué, es decir, explicar cómo se mantienen esos comportamientos de: llorar con frecuencia, no salir de casa, etc. Esa explicación nos va a dar las claves para diseñar y aplicar la intervención, la etiqueta “depresión” no nos ayuda para diseñar la intervención. Además, decirle a nuestro compañero/colega de profesión que la persona que estamos tratando tiene “depresión” tampoco le va a ayudar a saber qué le pasa, le ayudará más que le hagamos un resumen de dos frases con elementos funcionales del problema: falta de habilidades sociales, pérdida de reforzadores al romper relación con la pareja, refuerzo por parte de la familia de quejas y llanto… estas pocas palabras no son ni de lejos el análisis funcional completo pero nos facilitan la comprensión del problema mucho más que si decimos: fulano tiene depresión. *(Libro recomendado que ahonda en estos aspectos: “Qué es un tratamiento psicológico” de Froján Parga y Santacreu y “La invención de los trastornos mentales” de Marino Pérez).

      En el caso del autismo, aunque no soy una experta en el área, entiendo que independientemente de cumplir los criterios diagnósticos puedes diseñar e implementar una intervención si la persona tiene problemas,sufre y son conductas desadaptativas susceptibles de ser modificadas. Es decir, puedes enseñarle a que tacte mejor, a que imite más conductas motoras…o cualquiera que sea el objetivo que hayáis establecido sin que la persona cumpla todos los criterios del espectro autista.

      (2) La crítica que hago sobre las etiquetas diagnósticas no es incoherente con el punto que comento más adelante sobre conductas adaptativas y desadaptativas. En el primer caso: al etiquetar un problema hablamos de hacer una descripción general, categorizar en un solo nombre variedad comportamientos en función de su morfología,en el segundo caso hablamos de diferenciar entre conductas adaptativas y conductas desadaptativas, categorizando los comportamientos en base a la FUNCIÓN de la conducta (en un contexto determinado) y no en base a la MORFOLOGÍA. Cuando una conducta es desadaptativa lo único que quiero decir es que a pesar de tener una funcionalidad (obviamente por eso existe, se mantiene por refuerzo) esa conducta, en el contexto actual genera problemas, genera sufrimiento en la persona, hace que no se adapte bien a su entorno o contexto actual.

      He intentado no extenderme en exceso contestando tu comentario porque podría escribir varias páginas sobre el tema de las etiquetas (engloban un modelo médico del que también hay mucho que decir) y he dejado aún muchos aspectos sin aclarar pero espero haber contestado a parte de los planteamientos, si te parece vamos poco a poco mostrando argumentos 😉

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