Drogas y análisis de la conducta: ¿qué hace un conductista como tú en un sitio como éste?

Como bien sabemos, el campo de aplicación de la modificación de conducta es amplio, abarca cualquier problema de índole psicológica. En algunos contextos solemos escuchar que “hay un tipo de terapia u orientación para cada tipo de problema o incluso persona” o “el conductismo se queda corto para eso…”. Cuidado con estas frases, ¡que uno no sepa cómo funciona el procedimiento no quiere decir que el procedimiento no sea válido! Aunque muchos de estos mitos ya hemos ido tratando de aclararlos en entradas previas, la tarea que queda por delante es ardua, por ello, quiero dedicar un espacio en esta ocasión, a las drogas y la “conducta adictiva”, área plagada de mitos y desinformación. Afortunadamente, me rodeo de grandes profesionales con los que comparto mi forma de entender y hacer psicología y gracias a ello, podemos disfrutar de esta entrada escrita por Carlos Moratilla, un gran psicólogo con un extenso conocimiento en drogas. Para mí, no hay nadie que sepa más que él al respecto.¡Gracias!

“El Análisis de Conducta es sumamente simplista. Las personas no somos ratas. Eso sí, un campo en el que sí que pienso que es sumamente adecuado es en el de las drogodependencias”.

Este fragmento forma parte de una conversación que mantuve no hace mucho con una licenciada en Psicología y formada en Psicoanálisis, prisma desde el cual –me comentaba- realiza su labor como psicoterapeuta.

No es sorprendente seguir encontrando afirmaciones de este tipo entre psicólogos acerca del análisis de conducta, la modificación de conducta y el Conductismo como filosofía de la Ciencia de la Conducta. Por otro lado, algo más criticable me parece el hecho de pensarse que la conducta de una persona adicta a las drogas es tan simple de explicar, controlar y predecir como las de un organismo más simple (en este caso un roedor).

No hace tampoco mucho, tuve ocasión de charlar a través de Twitter con otro psicólogo y psicoterapeuta de tendencias eclécticas acerca de las posibilidades que nos ofrece el Análisis Funcional de la Conducta en la formulación de hipótesis de origen y mantenimiento que expliquen el comportamiento de nuestros clientes o pacientes y de la cual se deriva una intervención más segura y más eficaz en sus problemáticas. Su visión se resumía en lo siguiente: “El Análisis Funcional es simplista, sólo tiene en cuenta lo que sucede en el contexto, no la interacción entre el organismo y el ambiente. De hecho, ni siquiera se plantea en profundidad la historia personal, que también tiene su peso. Por no decir que no tiene en cuenta variables del organismo, como pueden ser las predisposiciones biológicas a realizar consumos de drogas de riesgo”  .

Ante esta nueva muestra de ignorancia mostrada por un profesional de la psicología acerca de una de las herramientas propias de nuestra ciencia y que supone un mundo de posibilidades para el análisis de la conducta (que es interacción y siempre es compleja en el caso de los organismos de nuestra especie), decidí desistir en la poco apetecible empresa de explicarle en qué estaba equivocado.

Pero ya que la autora de este blog me ha concedido un poco de espacio para escribir lo que quiera acerca de drogas, aprovecharemos la oportunidad y trataremos de responder al lector qué hace un conductista como yo en un sitio como ese.

El conductismo como paradigma general y el análisis de la conducta, cuya herramienta básica es el Análisis Funcional (desde ahora A.F), nos ofrece una forma de entender el comportamiento (en este caso el comportamiento de la persona que consume drogas) de una forma dinámica, ajustada y – algo que me parece altamente relevante cuando hablamos de consumos de drogas – sin el exceso de moralina que suele advertirse cuando se tratan fenómenos de este tipo.

En nuestro caso, tenemos un organismo complejo (en este caso una persona, un Ser Humano) que consume una sustancia en un contexto determinado (esto es, bajo una serie de condicionantes ambientales próximos, sociales o culturales) y obtiene una serie de consecuencias de distinto tipo (fisiológicas, sociales, etc.) .

Grosso modo, este sería el planteamiento tosco que hay que desenmarañar. O si se prefiere, operativizar para poder construir una serie de hipótesis que nos sirvan para explicar, controlar y predecir el comportamiento que tenemos en el punto de mira. Simplista, decía mi colega psicoanalista.

Para ello, tendremos que esclarecer el tipo de relación que establece dicho organismo con la sustancia. Esto es, cuál es la función de este consumo: esta persona consume para evitar o escapar de contextos o sensaciones aversivas? Consume para obtener reforzadores sociales? Consume por el mero divertimento? Esta cuestión no es baladí si queremos realizar un análisis lo más justo y ajustado posible. Existe la creencia popular de que las personas consumen drogas por viciosos, porque no tienen una personalidad fuerte para afrontar sus problemas, porque son débiles de espíritu o porque tienen poca fuerza de voluntad.

Desde el análisis de conducta se propone que cada comportamiento puede tener una funcionalidad determinada y en muchos casos variada. Lo cual de cara a la formulación del caso será sumamente importante ya que no será lo mismo consumir alcohol para afrontar el estrés cotidiano (o cocaína o heroína…) , que consumir alcohol (o anfetaminas o MDMA…) por divertimento en una noche de fiesta. Las consecuencias (reforzadores y castigos) que se obtengan de esta relación, irán moldeando la conducta a lo largo del tiempo haciéndola más probable en unos contextos que en otros, con una topografía u otra o con unas funcionalidades u otras.

Para terror de mi colega ecléctico el AF se complejiza aun más porque tenemos un organismo que lo que ha hecho desde el momento de su nacimiento (puede que incluso antes) es aprender y aprender. De manera que viene cargado de una historia de aprendizaje que hará posibles y probables una serie de interacciones con la sustancia que va a tomar y el contexto en el que se va a realizar el consumo. Dicho de otra manera, tenemos en este momento un organismo único, con un aprendizaje único, que va a realizar una interacción única derivada de su historia de condicionamientos que tendremos que analizar.

¿Y qué tal si consideramos la sustancia que va a tomar? Al ávido lector no se le habrá escapado que de cara a la interacción no será lo mismo consumir una sustancia depresora, que un estimulante en un contexto determinado. O puede que sí. Puede que incluso tomando dos sustancias diferentes ambas compartan la misma funcionalidad. Por ejemplo, un sujeto puede tomar heroína o metilfenidato para escapar de las sensaciones generadas por el aburrimiento y obtener así, en ambos casos, sensaciones más agradables que puede que funcionen como reforzadores.

En resumen, si conseguimos detectar todos los elementos que forman parte del juego del Análisis Funcional de esta conducta concreta y si conseguimos esclarecer las relaciones entre cada uno de ellos, se nos presentará una oportunidad excepcional para comprender y explicar dicho comportamiento. Una tarea compleja para la explicación de un fenómeno complejo.

Por último, no me gustaría dejar pasar la ocasión de responder la pregunta que algunas veces se me ha hecho respecto al consumo de drogas: entonces, para ti como psicólogo, ¿el consumo de drogas es bueno o es malo?

Es momento de que el lector me imagine como si fuera Gandalf el Mago y ponga en los siguientes párrafos el tono de su voz: amigo, los términos “bueno” y “malo” caen dentro de la ética y la moralidad, las cuales aun acompañando la práctica del científico y del psicólogo, no son asuntos propios de él. El consumo de drogas es una conducta más y como tal puede reportar consecuencias potencialmente peligrosas para el individuo, o no. Consecuencias más o menos placenteras, más o menos aversivas. Pueden ser conductas de alto riesgo, de riesgo moderado o mantenerse dentro de márgenes de seguridad.

Todo dependerá de quién las consuma (con sus predisposiciones biológicas, su historia de aprendizaje…), cómo las consuma (frecuencia, duración, vía de administración…) y bajo qué condicionantes ambientales y culturales lo haga.

Carlos Moratilla.

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3 Respuestas a “Drogas y análisis de la conducta: ¿qué hace un conductista como tú en un sitio como éste?

  1. Pingback: Magapsine Semanal (1-7/09/2014) - Dronte·

  2. Una consulta informal…. ¿Es cierto eso de que cuando alguien ha estado enganchado a una sustancia, lo está para siempre? Por ejemplo, los ex-fumadores dicen que nunca se les quitan del todo las ganas de consumir tabaco, especialmente en situaciones sociales, y esto hace que recaigan con bastante frecuencia y que abandonar ese consumo sea especialmente difícil. Me imagino que la recaida se producirá porque en esas situaciones existen Ed que elicitan la conducta de reanudar el consumo, o algo así. Pero incluso abandonando el consumo de tabaco, pongamos durante 30 años de exposición prolongada a esas mismas situaciones, aguantando como un javato sin fumar, ¿cómo es posible que el Ed no pierda su función y siempre me apetezca fumar? ¿hay alguna manera de quitar eso?

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    • Juan Carlos, creo que es una muy buena pregunta, algo que seguro muchas personas se han planteado. Antes de dar una respuesta rotunda y clara, me gustaría devolver algunas preguntas como las que tú has formulado: ¿quien ha tenido miedo a volar, lo tendrá para siempre? ¿quien ha sufrido con una ruptura sentimental, sufrirá siempre? ¿quien ha incurrido en conductas autolesivas lo hará siempre? La respuesta a todas estas preguntas y a las que tú planteas podría ser la misma: depende. Depende puede ser la palabra preferida de un conductista…Pero la clave es que ese “enganche” al que aludes no tiene un carácter esencialmente diferente del que podría tener cualquier otro hábito aprendido.
      Las cuestiones que comentas son claves, la exposición al no consumo de manera que ciertos estímulos pierdan el valor elicitador que tenían. Pero a veces, no estamos teninedo en cuenta en nuestra análisis un montón de variables que pueden estar facilitando que uno siga condicionando ciertos eventos. En el caso del tabaco, y en todos los demás, no sólo tenemos la exposición directa de las contingencias para aprender o asociar eventos, ¿qué pasa si yo sigo imaginándome lo bien que me sabría ese cigarrillo con la cerveza? ¿y si hay vs disposicionales a nivel macro que siguen favoreciendo la asociación del tabaco como algo agradable (normas sociales, culturales, modas…)? Además de éstas, habría muchas más variables a tener en cuenta. No obstante, la clave de la pregunta que planteas tiene que ver con algo que queríamos destacar en este post y es que tanto los problemas psicológicos relacionados con la conducta adictiva como muchos otros problemas psicológicos de otra índole se explican y predicen en base a las mismas leyes de aprendizaje.

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