La felicidad desde un punto de vista conductual

Seguro que todos nosotros hemos pensado muchas veces en la FELICIDAD. Habremos participado en multitud de conversaciones sobre el tema y seguro que nos suenan estas frases: “La felicidad no existe, es el camino”, “No puedes esperar que todo sea perfecto, hay que disfrutar de las pequeñas cosas”…Coincidiremos en algunos aspectos probablemente y tendremos nuestra propia definición de felicidad, pero esta vez vamos a centrarnos no en opiniones personales o en la “psicología popular” sino en tratar de determinar exactamente qué es ser feliz desde un punto de vista psicológico, esto es, conductual.

Como psicólogos, ¿habéis tratado de operativizarlo? ¿Os habéis parado a pensar en su análisis funcional? La filosofía conductual impregna nuestra forma de ver y explicarnos el mundo, a veces es interesante ponerse estas “gafas” y responder a alguna de estas cuestiones. En este caso, no hay búsqueda bibliográfica ni citas de autores o manuales que hablen sobre esto (el 80% de lo que hay es “psicología positiva” y esto no va de eso).

Ahí va una breve reflexión personal con las gafas de la modificación de conducta:

Una persona feliz interaccionaría u operaría en su entorno siguiendo varias de estas claves:

  • Teniendo un amplio repertorio de respuestas operantes fruto de la interacción con amplios y diferentes contextos estimulares que fuesen reforzadas positivamente. Esto es, hacer muchas cosas que sean fuentes de gratificación y refuerzo para uno, emitir diversos comportamientos de forma cotidiana que sean reforzantes. Probablemente cuanto más cotidianos sean estos comportamientos, más felices seremos, pues se emiten de forma frecuente y repetida en el tiempo y no tenemos que esperar a “días especiales” para estar contentos. De hecho, seguramente muchas personas que no se consideran felices tienen algunos momentos felices (fin de semana? vacaciones?), pero no es una regularidad. Cuando hablamos de estar felices y contentos de forma más estable y continuada en el tiempo nos referimos a que, día a día, sintamos estas emociones apetitivas cuando hacemos cosas, a sentir bienestar, y por supuesto, esto no depende exactamente del contenido de lo que hacemos sino del valor reforzante que tiene para nosotros lo que hacemos. Igual de reforzante puede ser comer en el mejor restaurante de la ciudad a comer macarrones hervidos con tu pareja…ya sabemos que lo que es reforzante y lo que no va a depender de nuestra historia de aprendizaje. Hay que tener en cuenta que cuánto más diverso y elevado el repertorio de operantes que me resultan reforzantes, mejor, más difícil será saciarnos de esos reforzadores.
  • Ser feliz tiene que ver con tener condicionados apetitivamente multitud de estímulos y contextos estimulares: lugares, acciones, personas, sabores, sensaciones… Esto tiene que ver con la famosa frase “encontrar el placer en las pequeñas cosas”. Que una persona disfrute de una sensación como el calor que le proporciona el sol cuando va de vuelta a casa en el tren y cosas similares es tener un largo camino recorrido en el aprendizaje de ser feliz , pues si este tipo de estímulos son los que me generan placer, tendré el día, la semana y la vida llena de ellos. Condicionamiento clásico y operante van de la manita así conseguir condicionar multitud de estímulos tiene que ver con el punto anterior y viceversa.
  • Sentirse competente, útil, capaz…Con aquello que comúnmente conocemos como “tener una buena autoestima”. Lo que pasa es que decir esto es poco concreto, sería: tener un lenguaje y un mundo privado rico en refuerzos sobre nosotros mismos, condicionar nuestros pequeños logros de forma apetitiva, emitir verbalizaciones apetitivas sobre nuestro propio desempeño, condicionar nuestra persona (imagen, actuaciones…) de forma apetitiva, de manera que fruto de la autoobservación de nuestra actuación sintiésemos emociones agradables. También, autoreforzarnos de forma contingente al logro de objetivos y metas que nos planteamos previamente (bien operativizadas y segmentadas). Todos ellos serían aspectos fundamentales para estar contentos con nosotros mismos de forma frecuente.
  • Influyen las experiencias por modelado, como bien sabemos: tener personas en nuestro entorno (a poder ser significativas y similares a nosotros) que posean estos repertorios citados hace más probable que nosotros imitemos dichos comportamientos. Como “macromodelo” tendríamos los valores que rigen el concepto de felicidad en nuestra sociedad. Este asunto daría para un post entero. En general, considero que muchos de ellos nos alejarían de lo que hasta ahora hemos operativizado como felicidad pues el consumismo, materialismo, las prisas, la importancia de lo inmediato…a veces contribuye a no condicionar ciertos elementos de forma apetitiva, a que ciertas cosas “pierdan valor” y nosotros no aprendamos a dárselo, aprendemos a tener un disfrute corto y fugaz de las cosas.
  • Guiar nuestra conducta por reglas e instrucciones que señalen el valor reforzante de gran  cantidad de aspectos, que nos den el control sobre las situaciones, sobre nuestro propio bienestar y que incluso puedan alterar el valor de los reforzadores o de cualquier elemento de las secuencia funcional (operaciones de establecimiento). Ya sabemos que muchas de las cosas que hacemos para conseguir algo a largo plazo, o se mantienen por consecuentes inmediatos que nosotros mismos nos proporcionamos (imaginar las consecuencias apetitivas de mi acción en el futuro, etc.)…o nuestro autocontrol sería cero y nos moveríamos sólo por reforzadores inmediatos en el tiempo. En este aspecto, ya sabemos que el lenguaje y los eventos privados en general tienen un valor central.

Lo que es seguro es que a ser feliz se aprende. Muchas personas dicen aquello de “el dinero no te da la felicidad pero te ayuda a conseguirla”. Pues siguiendo los argumentos desarrollados, en parte, estaríamos de acuerdo con esta afirmación: efectivamente quién no haya aprendido a disfrutar, a ser feliz con multitud de situaciones y eventos que tiene en su vida cotidiana por tener un reforzador secundario, como el dinero, no hará mucho más de lo habitual pues accederá a los reforzadores primarios que no tienen un gran valor reforzante para ellos.  El dinero ayudaría a ser más felices a aquellas personas que ya han realizado ese aprendizaje y son capaces de disfrutar con multitud de cosas, pues el dinero le daría acceso a muchas más.

Operativizar felicidad es ambicioso,  creo que podría escribirse un ensayo completo al respecto. Esta es tan solo una primera aproximación en términos funcionales que puede servir de guía para planificar con detalle qué queremos. Seguro puede completarse y detallar más con las reflexiones de otros colegas, os animo a ello.

Rebeca Pardo Cebrián.

*Imagen de cabecera: “Chilhood”, de Susana Fernández

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