La trampa del respeto

Si algún día queremos que se tome en serio al gremio de la psicología clínica, inevitablemente habrá que hacer algo con el despropósito terminológico que arrastra esta disciplina.

A cualquiera le resultará conocida la situación tipo “desde tu enfoque se llama exposición en imaginación, pero desde el mío es silla vacía”. En aras del entendimiento mutuo, quizá incluso de la simple educación, el ejemplo no pasa de ahí y la conversación sigue su curso; y esto me parece bastante problemático.

Hagamos una necesaria comparación con alguna otra ciencia natural. Imaginemos que hay varias escuelas en biología que postulan diversas teorías sobre lo que llamamos “mitosis celular”. Una de las escuelas defiende lo que a día de hoy entendemos por mitosis; otra se refiere a este proceso como retroduplicación del alma, y sugiere un origen místico e inabarcable; otra lo llama entropía nuclear, y así. Cada una de estas escuelas sostiene una teoría sobre la mitosis, pero sólo una o unas pocas de ellas pueden aportar pruebas de que lo que postulan es lo que ocurre. ¿Qué pasaría con las otras escuelas? Quiero pensar que se relegarían al fondo de un cajón como anécdotas históricas y poco más. Me generaría inquietud pensar que se las consideraría a todas igual de válidas, porque para algo tenemos un procedimiento que separa lo imaginario de lo real-hasta-que-se-demuestre-lo-contrario. Es más, ¿cómo podríamos permitir que los de la retroduplicación del alma propusieran métodos para solucionar problemas en la mitosis? Estaríamos jugando con la salud de los seres humanos, proponiendo formas de actuar basadas únicamente en las ideas felices de un grupo de personas. Quiero pensar, insisto, en que no pasarían de la anécdota histórica; quiero pensar que no se jugaría con la salud y el bienestar humano “porque esto me suena mejor, me convence más”.

Pues en el mundo real, y en el de la psicología clínica en particular, pasa todos los días. Existe una miríada de enfoques cuya fundamentación científica es nula o sospechosa, que además tienen la osadía de pedir que se los respete. ¿Por qué demonios iba yo a respetar insensateces? ¿Acaso respetaría la idea de que algunos miembros del gobierno son reptilianos? El problema no es de mi falta de respeto, sino de su falta de evidencia. Es más; si mañana usted me demuestra con las suficientes garantías que el presidente es reptiliano, yo no tendría más opción que desechar mi conocimiento previo y adoptar la nueva teoría. Según las reglas con las que juego, no podría quedarme en mi rincón recalcitrante y negar la nueva evidencia, porque entonces estaría siendo un hipócrita. En cambio, cuando la regla es “lo que mejor te suene”, difícilmente vas a plantearte si lo que apoyas es lícito o sensato. Siempre me he preguntado cómo seleccionan enfoques las personas acientíficas; ¿según los astros? ¿Marketing? ¿El pie con el que se levantan cada mañana?

Enlazo ahora con la anécdota que contaba al principio. Cada vez que damos por válido un complejo de Edipo “porque así lo llamamos desde mi enfoque” estamos tirando por la borda los esfuerzos de miles de investigadores que luchan por un mundo más sensato. Si ponemos al mismo nivel una línea de investigación de 10 años de desarrollo con la programación neurolingüística estamos clavando un clavo más en el ataúd del progreso y la ilustración. El respeto por defecto a las ideas es una invención políticamente correcta que no sé de qué infierno procede, pero sin duda es una fea lacra del siglo XXI. Una idea no es respetable por el mero hecho de existir, y esto es extremadamente fácil de demostrar planteándose si la idea que sostenía la Confederación (Estados Confederados de América) sobre la esclavitud era respetable. ¿Era una idea, no? Y estaba bastante elaborada. Y eso no la convertía automáticamente en respetable. Pues aplíquense el cuento, si son tan amables.

 

Nota: para no herir sensibilidades, se ha descartado como imagen de cabecera la bandera de la Confederación Americana. En su lugar se ha utilizado un fotograma de La vida es bella, mayúscula película que se atreve a tratar en tema de humor algo tan escalofriante como el Holocausto (imagen sacada de elpeliculista.com).

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8 Respuestas a “La trampa del respeto

  1. Y para muestra un botón. Copiado de wikipedia:
    “La psicología1 o sicología2 (literalmente «estudio o tratado del alma»; del griego clásico ψυχή, transliterado psykhé, «psique», «alma», «actividad mental», y λογία, logía, «tratado» o «estudio») es una profesión y una disciplina académica3 que, en términos generales, se define como la ciencia que trata la conducta y los procesos mentales de los individuos,1 3 4 5 6 cuyo campo de estudio abarca todos los aspectos de la experiencia humana.7 Cabe destacar que existen diversas perspectivas psicológicas, cada una con sus propias teorías y metodologías, y en comparativa pueden coincidir, influirse o incluso ser contradictorias e incompatibles;8 esta variedad da pie a múltiples acepciones y abordajes.9 Asimismo, existen argumentos que ponen en duda la cientificidad de la psicología debido a limitaciones como: subjetividad, verificabilidad, dilemas éticos y filosóficos, etc. Incluso algunos enfoques —como en el humanismo— no consideran a la psicología como ciencia, pues rechazan el determinismo en favor del libre albedrío.5 ><

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    • El problema no es que haya enfoques, claro; la diferencia de perspectivas puede ser imprescindible para el avance de la disciplina. El problema es que no existe un filtro que avale dichas perspectivas, aquí puede venir cualquier arrogante con su feliz teoría y se le da pábulo.

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  2. Me ha recordado a algo que escribió Savater en el 94: “Opiniones respetables” http://elpais.com/diario/1994/07/02/opinion/773100001_850215.html

    Te va a encantar. Ahí va un anticipo:

    “Las opiniones, en cambio, me parecen todo lo que se quiera menos respetables: al ser formuladas, saltan a la palestra de la disputa, la irrisión, el escepticismo y la controversia. Afrontan el descrédito y se arriesgan a lo único que hay peor que el descrédito, la ciega credulidad.”

    Incluye además un fragmento de Adorno que es del 75, así que comprobado: la lacra es del siglo XX como mínimo. Yo apostaría a que si rebobinamos buscando el origen histórico no acabamos nunca. Es mi opinión y por tanto debe ser respetada.

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    • Siempre me ha hecho gracia la falacia lógica: “todas las opiniones son respetables”. Mi opinión es “las opiniones no son respetables”, así que si consideramos verdadera la primera premisa, tenemos una paradoja.

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      • Muy interesante.
        No obstante se atisba tal vez un argumento ad logicam aquí: Si fuera el mismo sujeto el que emite ambas frases, quizá incurriéramos en contradicción. Sin embargo si son distintos agentes tendríamos:
        Para sujeto A todas las opiniones son respetables incluida la del sujeto B que considera que no lo son. Es decir, para el sujeto A incluye todas las opiniones, incluida la contraria a la suya a la cual respeta, por lo que no entra en contradicción.
        Para sujeto B las opiniones no son respetables, pero esto no sería contradictorio ya que la opción contraria no es la suya y por ello se trata de opiniones diferentes o divergentes.

        En conclusión: incluir más de un agente con proposiciones divergentes impide en algunos casos la contradicción.

        Estoy abierto a crítica aquí. 🙂

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        • Compro. Puestos a hablar de lógica, yo veo dos problemas: por un lado, la “omni-respetabilidad” es un coladero para peticiones de principio. Por otro, se trata de un concepto ambiguo: ¿qué es el respeto?, ¿por qué se usa la fórmula “respeto su opinión pero no la comparto”? Se me ocurre que obedece a uno o varios de los siguientes usos:

          1) Respeto su persona (que no es lo mismo que la opinión).

          2) Atiendo a su opinión y la analizo.

          3) Entiendo que haya llegado a tal conclusión con la información que manejaba, o que sus intereses le lleven a defender tal postura.

          4) No voy a recrearme explicándole los motivos por los que considero equivocada su opinión.

          Lo primero es necesario, por supuesto. Lo segundo también, sin olvidar en quién recae el peso de la prueba. El punto 3 es trivial, pero el 4 en ciencia es un error… muy respetable.

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  3. Pingback: Cómo divulgar ciencia, según la ciencia | La Escalera Roja·

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