¿Mismo perro con distinto collar? La necesaria traducción conductual

Cada día que pasa me encuentro con más situaciones que muestran los problemas de nuestra disciplina científica. Hay momentos deprimentes cuando uno, como psicólogo conductual,  lucha por una psicología científica, pues la cruda realidad siempre está ahí para recordarnos la dificultad y complejidad del asunto. Hace unas semanas tuve un momento de indignación (como tantos otros) realizando una revisión bibliográfica en profundidad.  Miles de estudios dedicados a analizar una problemática, un procedimiento, un proceso o un resultado en particular, y cuando intentas sacar conclusiones sobre lo que se sabe y lo que se ha avanzado en unos años, te das cuenta de que poco se puede concluir más que, que nuestra disciplina avanza muy lentamente porque somos incapaces de partir de unos cuantos supuestos científicos básicos comunes y sumar desde ahí. Diversos estudios sobre el mismo fenómeno concluían resultados interesantes pero que explicados bajo la luz de los distintos marcos teóricos daban lugar a conclusiones muy diferentes.

En post anteriores (La trampa del respeto, por ejemplo) ya resaltamos esta idea que hoy vuelvo a plasmar aquí sobre los graves problemas que tiene para nuestra disciplina el no hablar el mismo “idioma” entre psicólogos. Insistimos en este punto porque es importante entenderlo y atenderlo, no sólo para reafirmar que hablamos de los mismos fenómenos con nombres diferentes sino que también es muy útil hacer esta traducción funcional en nuestra práctica clínica cotidiana para guiar mejor nuestro propio comportamiento como terapeutas. ¿Qué ocurre cuando empleamos términos vagos, poco precisos o de carácter tautológico para explicar los comportamientos? Pues que la correspondencia decir-hacer existe hasta para los terapeutas, que nuestra conducta verbal guía nuestro comportamiento y puede llevarnos a intervenciones menos precisas o a no saber exactamente qué estamos poniendo en marcha cuando empleamos determinadas estrategias terapéuticas: “Voy a reestructurar ideas irracionales”, “voy a trabajar su autoestima” … Si no sabemos qué estamos haciendo exactamente…los objetivos y metodología empleada no serán precisos. 

Por ello os animo a desarrollar esa habilidad de traductores de términos funcionales, con el objetivo de  “sobrevivir” en vuestro día a día y ser más eficaces y eficientes en vuestra práctica. Para contribuir a ese entrenamiento nos hemos animado ir traduciendo términos comúnmente empleados en terapia psicológica en términos de procesos de aprendizaje y análisis funcional:

Baja autoestima

El tema de la autoestima es uno de los temas estrella en terapia. En general, cuando los psicólogos hablan de una baja autoestima, suelen concebirlo como un fenómeno causal, lo sitúan como la “raíz” de muchos otros problemas psicológicos, “es que tiene baja autoestima” y con esto se acaba la explicación.

La famosa autoestima es el producto de toda nuestra historia de aprendizaje a lo largo de la vida, en las diferentes áreas y competencias. Es relativamente estable, pero no inamovible. Tiene cierto papel causal pero también ha sido consecuencia. Pero, concretamente ¿de qué hablamos? Porque a veces parece algo que tenemos “dentro”, una substancia extraña que sube o baja de forma mágica. Tendríamos que operativizar autoestima como una serie de verbalizaciones (ECS) sobre nosotros mismos que tienen la capacidad de evocar en nosotros emociones aversivas (RCs), e incluso el poder de discriminar (Eds) diversas respuestas operantes que parecen estar formando parte del problema psicológico por el que acuden a consulta (evita iniciar conversaciones, ponerse cierta ropa…y un sinfín de posibilidades).

Pensamientos irracionales

Casi todos los psicólogos que conozco, hasta yo misma, solemos emplear este término cuando hablamos sobre algún caso clínico. No obstante, si lo miramos bajo la lupa conductual nos damos cuenta de que no estamos describiendo funcionalmente nada.

Aclaremos entonces cada término: cuando hablamos de pensamientos hablamos de conducta verbal encubierta. Como sabemos, esa conducta, a pesar de ser privada e inaccesible para observadores externos, se rige por los mismos principios que la conducta manifiesta. La conducta cognitiva puede tener diversas funciones, habrá que analizar cada caso en particular: puede tener la función de EC (verbalizaciones encubiertas que tienen la capacidad de evocar respuestas emocionales aversivas), de Ed (que discrimine respuestas operantes), de Consecuente (nuestras propias verbalizaciones puede funcionar como refuerzo o castigo de ciertas operantes) o incuso de OE (operación de establecimiento, que influya en el “valor” de los consecuentes en la cadena conductual).

El término irracional se refiere a una característica de algo que carece de razón, que no está basado en la lógica o que no tiene base  en la que se fundamente.  Por supuesto hay pensamientos con estas características morfológicas pero ¿cómo concebiríamos este término desde nuestro marco teórico? Además de tener en cuenta las posibles funcionalidades que acabamos de describir, quizá (y esto son mis hipótesis) irracional se traduzca en una conducta gobernada por reglas “desadaptativas”, que se mantiene por fuentes de reforzamiento distintas a la conducta moldeada por contingencias.  Quizá esta característica irracional, no basada en evidencia se refiere, en cierto modo, a la insensibilidad a las contingencias.  Pero esto es mucho divagar…lo relevante es atender a la función que puede tener y no quedarnos en un plano de descripción morfológico.

Personalidad

Muchos psicólogos emplean este concepto otorgándole un papel causal y determinista sobre las conductas problema, concediéndole un carácter permanente e inamovible. Puntualicemos ¿a qué nos referimos cuando hablamos de personalidad? Entra en juego el concepto de repertorio de conducta, haciendo referencia a un conjunto de respuestas homogéneas de la persona por su funcionalidad. Se trata de un conjunto de repertorios que se han ido “acumulando” a lo largo de la  historia de aprendizaje de la persona. En este sentido, la personalidad puede tener una influencia en el comportamiento actual como causa, nos puede predisponer de determinada manera, es decir, se pueden discriminar repertorios de conductas concretos en situaciones determinadas. Así, los repertorios de conducta tendrían ese carácter funcional, de interacción.

Por otra parte, los repertorios son a su vez consecuencia, pues son explicados por el aprendizaje ocurrido en interacciones pasadas. Por supuesto, esta conceptualización asumiría la posibilidad de la modificación de la personalidad, pues aunque el aprendizaje en nuestra historia tenga un papel disposicional en el presente, éste no es inmodificable.

Reconozco que esta última traducción ha sido especialmente ambiciosa, pues ni los  propios psicólogos conductuales se ponen muy de acuerdo en las aportaciones que se han hecho en el área sobre las teorías de la personalidad.

Seguiremos enriqueciendo nuestro repertorio conductual traduciendo términos comúnmente empleados en psicología. Tenemos un largo y arduo camino, hay muchos retos interesantes, por ejemplo (y este me apetece especialmente) hacer este mismo ejercicio de traducción con las “nuevas” técnicas psicológicas que se aplican en terapias de tercera generación ¿Descubriremos que estamos hablando de los mismos fenómenos pero que el envoltorio es distinto? ¿Será que los principios de aprendizaje que se ponen en marcha son los mismos de siempre? Os animamos a revisar nuestra propuesta definitoria y, por supuesto, a proponer otros conceptos  para el servicio de traducción.

Referencias

Miltenberger, R. G. (2013). Modificación de conducta. Principios y procedimientos. Madrid: Pirámide.

Pérez, M.  (2004). Contingencia y drama: la psicología según el conductismo. Minerva Ediciones.

Imagen de cabecera: www.isocialweb.es

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3 Respuestas a “¿Mismo perro con distinto collar? La necesaria traducción conductual

  1. Sólo una matización: Una idea irracional es simplemente aquella que es contraria a la razón, es decir, que alguien que usara correctamente la lógica y la evidencia disponible no llegaría a ella, sino a otra distinta y tal vez contradictoria. Es fácil ver que una idea (o una conducta) irracional puede ser MUY adaptativa: depende del ambiente. Por ejemplo, un niño mimado puede tener infinidad de ideas irracionales cuyas expresiones le son reforzadas sistemáticamente en su medio. O un vecino puede empecinarse en que la comunidad adopte medidas absurdas y contraproducentes y salirse con la suya en cada reunión (refuerzo de nuevo). Todos hemos sufrido alguna vez la desagradable experiencia de ponernos racionales con alguien que está obcecado con algún disparate… y perder la partida simplemente porque jugar con la razón supone jugar con reglas más estrictas (el irracional gana: refuerzo). A través de los años, he llegado a la impresión de que cuando los clínicos hablan de ideas o conductas “irracionales” se refieren a algo mucho más concreto: parece que quieren decir simplemente “ideas o conductas sin fundamento y nocivas para el cliente/paciente”. Si esto fuera así, definir la irracionalidad en términos de inadaptación sería tautológico.

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    • Totalmente de acuerdo, que una idea sea irracional no marca que ésta sea adaptativa o no (aunque el concepto de adaptativo sería discutible en la medida en que le funciona a uno…), por supuesto hay muchas ideas irracionales “adaptativas”, quizá las creencias religiosas sean un buen ejemplo de ello, para muchas personas. Por otra parte, en clínica trabajamos con pensamientos desadaptativos en general, pero éstos no son únicamente irracionales, por ejemplo pensar “el público me va a mirar y me voy a poner rojo” es un pensamiento que puede tener una persona antes de hablar en público. Es desadaptativo, pensarlo no le ayuda, le pone más nervioso pero es bastante racional. Ni todos los pensamientos desadaptativos son irracionales ni todos los pensamientos irracionales son desadaptativos. Y el trabajo que hacemos con un tipo de pensamientos y otros, en general, suele ser distinto. Parto de la base de que efectivamente los pensamientos irracionales, si son objeto de intervención serán desadaptativos y si sólo caracteriza a los pensamientos irracionales el ser desadaptativos, efectivamente como dices sería innecesario entonces hacer ambas características: irracional y desadaptativo. Lo que me planteaba es si tenía sentido y podríamos explicar el término irracional en otros términos funcionales, más allá de lo adaptativo o desadaptativo en base a lo que sabemos sobre cómo se adquiere la conducta gobernada por reglas que guía infinidad de comportamientos y que a veces es “insensible” a las contingencias ambientales y se mantiene a pesar de éstas. Pero ya digo que es divagar demasiado.

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