La intención paradójica

La intención paradójica es una técnica desarrollada por Frankl en 1925, basándose en supuestos de Adler a través de Hegel. Su premisa básica es la llamada “prescripción del síntoma”, siendo esta una expresión muy desafortunada porque “prescribir” suena a medicamento y “síntoma” implica que hay un problema oculto. La infausta prescripción implica pedir al individuo que haga a propósito aquello que le supone un problema; por ejemplo, si hablamos de un tic, tendría que realizar voluntariamente el tic hasta que se cansara; si no pudiera dormir, que se mantuviera despierto todo lo posible; etcétera. Se usa principalmente en problemas de insomnio, y en menor medida con ansiedad y tics. Los estudios demuestran que es útil cuando el individuo tiene “miedo al miedo”; o sea, una respuesta emocional aversiva ante la posibilidad de que le ocurra una respuesta emocional aversiva. El mero hecho de pensar “¿y si me pongo nervioso?” genera, en estas personas, una respuesta de ansiedad.

Vale. ¿Y por qué demonios funciona?

Hasta donde yo sé, no hay una explicación universal del funcionamiento de esta técnica. Así como en otros casos está perfectamente claro, con la intención paradójica hay cierto misticismo que no le hace ningún bien. Voy a intentar lanzar algunas hipótesis desde la perspectiva conductual, y ustedes decidirán si las compran o no.

Con la intención paradójica se intenta que un comportamiento automático pase a “control manual”. Esto, así dicho, no es muy científico. Digamos que un comportamiento sometido a control estimular pasa a depender de nuevo de discriminativo y consecuente; o que una respuesta condicionada pasa a ser operante. Dependiendo de cómo entendamos el control estimular, las dos opciones que acabo de dar son la misma, pero ahí quedan.

Al convertir en voluntaria una respuesta involuntaria, el individuo puede ejercer control sobre ella o lo que la mantiene y desecharla si así lo decide. Por ejemplo, al tratar problemas como morderse las uñas, uno de los pasos que propone Azrin en su fantástico manual es practicar el comportamiento indeseado de manera voluntaria y ante un espejo. La gente que se muerde las uñas siempre menciona que a veces “ni se dan cuenta de que lo están haciendo”; o sea, es una respuesta automática, una RC. Pasando a RO logran cierto control sobre ella, entre otras cosas porque determinados estímulos se convierten en discriminativos y porque se identifican consecuentes que la mantienen. Si le sumamos el poder de las instrucciones verbales, el individuo motivado tendrá la receta del éxito: “sé que me voy a sentir bien mordiéndome las uñas, cosa que me ocurre cuando estoy leyendo. Pero voy a agarrar el libro constantemente con ambas manos y no voy a dejarme llevar por el miserable y efímero bienestar que consigo al mordérmelas, porque quiero acabar con este problema”.

Esta es una de las explicaciones. Vamos ahora con el insomnio y el entorno social.

Antes de continuar, especifico de nuevo la importancia del “miedo al miedo”. En los estudios, el grupo de gente que no tiene este tipo de pensamiento no se beneficia de la inclusión de intención paradójica en el tratamiento. Esto nos da una pista muy importante sobre el funcionamiento: ha de estar relacionado con la ansiedad derivada de una anticipación, en este caso de que el individuo sufra una situación aversiva (“¿y si no consigo dormirme”?). De esta manera, podemos sugerir que la eliminación del pensamiento problemático conlleva a su vez una desaparición de la ansiedad, y por lo tanto de la causa del insomnio. Hablaríamos, ni más ni menos, que de una distracción, no muy distinta de “voy a pensar en una silla verde”. Es importante señalar que la frase utilizada como intención paradójica no genera emoción alguna; a prior es neutra. Por ejemplo, “voy a sonrojarme todo lo que pueda” tiene tanto efecto sobre uno mismo que “la operación Barbarroja comenzó el 22 de junio de 1941”. Esto, unido a que por sí sola su efectividad es pobre, me lleva a pensar que la intención paradójica en problemas de “miedo al miedo” no es más que un cese en estimulación ansiógena, en este caso mediante parada de pensamiento y distracción. En los estudios se afirma que para que tenga éxito ha de compatibilizarse con técnicas como relajación e higiene de sueño, de ahí que mi escepticismo se mantenga.

 

Hasta aquí el breve repaso sobre la intención paradójica y sus posibles bases conductuales. Mi intención (en absoluto paradójica) con ello es tratar de explicar por qué funciona, y de esta manera poder utilizarla; porque, como sabemos, utilizar algo sin saber por qué funciona es un lujo que no nos deberíamos permitir cuando hablamos de bienestar humano.

 

Referencias:

Ascher, L. M., & Schotte, D. E. (1999). Paradoxical intention and recursive anxiety. Journal of behavior therapy and experimental psychiatry, 30(2), 71-79.

Azrin, N. H. y Gregory, N. R. (1987). Tratamiento de hábitos nerviosos. Barcelona, Martínez Roca.

Espie, C. A. (1985). Paradoxical Intention Therapy. BSM Treatment Protocols for Insomnia, chapter 6 (2011).

V.E. Frank, The Doctor and the Soul: From Psychotherapy to Logotherapy, Knopf, New York, NY, 1955.

Ascher, L. M. (2005). Paradoxical Intention and Related Techniques. In Encyclopedia of Cognitive Behavior Therapy (pp. 264-268). Springer US.

Dattilio, F. M. (1987). The use of paradoxical intention in the treatment of panic attacks. Journal of Counseling & Development, 66(2), 102-103.

 

Imagen de cabecera vía

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3 Respuestas a “La intención paradójica

  1. Un post muy necesario, enhorabuena.

    Con lo de “intención paradójica” me da la impresión de que se hacen cosas cuyo único elemento en común es el nombre, perdiendo de vista el sentido funcional de cada aplicación. Eso, efectivamente, disminuye las garantías.

    Me voy a mojar: en el caso de la onicofagia (yo ahí veo operante independientemente de que sea inconsciente), a base de práctica masiva se sacia hasta contracondicionar, y el espejo parece darle una saliencia al estímulo que potencia eso.

    Cuando se aplica al insomnio, la utilidad creo que reside en exponer a algo que de otro modo se dedica uno a incubar (en la cama) a base de continuos intentos de escape de la idea ansiógena (“no voy a dormir”). Si además de eso se impide que la cama se condicione a la activación incompatible… bingo.

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    • Gracias, Óscar.
      No sé si veo claro el contracondicionamiento en onicofagia, salvo que se haga con saña. Por ejemplo, en tratamiento tipo fumar rápido, aunque ocurra una saciación visible y exagerada se recuperan las ganas de fumar pronto si no se repite la saciación con la misma intensidad.
      En insomnio estoy más de acuerdo con lo que dices, y de nuevo tenemos múltiples respuestas ante una misma pregunta.

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      • También es verdad. Tal vez venga más por el efecto de la imagen en el espejo y sea ése el estímulo al que se (contra)condiciona.

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