¡Refuerzo, te elijo a ti!

Es ampliamente conocido que la utilización del refuerzo es ventajosa frente al uso del  castigo cuando queremos modificar comportamientos. En plena crisis creativa me he preguntado por qué, y éste es el resultado de dicha pregunta.

Como recordarán, una de las características esenciales del castigo eficaz es la intensidad. Un castigo poco intenso probablemente no será tal. Lo menciono porque, de las tres características (intensidad, inmediatez, sistematicidad), la respuesta a la pregunta original involucra a esta cualidad.

Que un consecuente sea inmediato y sistemático no tiene impacto sobre la capacidad de un organismo para reproducirse. De la frase “cada vez que enciende un cigarrillo recibe una descarga eléctrica inmediata” lo que incide directamente sobre la integridad de organismo es la descarga eléctrica. Esto no quiere decir que las otras dos variables no sean importantes; quiere decir que la intensidad es la que, potencialmente, puede dejar al organismo impedido. El daño que sufra está directamente ligado a su capacidad para reproducirse. No es necesario que sufra una mutilación gonadal, cualquier lesión en los tejidos puede reducir drásticamente su viabilidad como procreador. Una cojera impedirá el escape del depredador de turno, quedarse manco impedirá escalar, perder dientes impactará sobre su dieta, perder algún sentido socavará sus posibilidades de atender a las amenazas. Vemos entonces que la intensidad de un consecuente, en este caso un castigo, tiene mucha probabilidad de impactar en la vida útil procreadora de un organismo.

Esto no ocurre con el refuerzo. La intensidad del reforzador no ha resultado problemática  hasta que ha habido supermercados con chocolate. En las condiciones en que evoluciona el homo sapiens la comida rica en grasa resultaba un reforzador intenso, ya que suponía una fuente de reserva energética extraordinaria y no abundaba. Tampoco es problemática la intensidad del orgasmo ni el placer del descanso (de nuevo, hasta la combinación de comida grasienta + sillones cómodos + televisión). Podríamos incluso decir que la intensidad del reforzador es positiva para la supervivencia de un organismo (sin entrar en los curiosos procesos de manipulación de la intensidad para afianzar una conducta).

Por todo lo anterior, es lógico pensar que una especie que basara su adaptación en el castigo caería en una situación paradójica; para sobrevivir tendría que exponerse a circunstancias que le restarían posibilidades de sobrevivir. Mientras, otras especies estarían disfrutando de sus orgasmos y sus festines esporádicos de carne roja, adaptándose estupendamente. El escenario parece dejar claro cuál es la apuesta ganadora.

Desconozco si hay estudios que investiguen si existe un salto evolutivo a partir del cual las especies aprendan mejor por refuerzo que por castigo (¿podemos castigar a una planta, como decíamos hace tiempo?), pero sería sin duda interesante conocerlo.

Imagen de cabecera vía IGN.

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