El mito de la motivación intrínseca

Indagando muy por encima el origen de la expresión “motivación intrínseca” me atrevería a lanzar la siguiente conclusión: viene usándose desde tiempos inmemoriales en el lenguaje popular y fue adoptada por la psicología académica sin reparar demasiado en su base conceptual. Veamos una posible definición, tomada de Wikipedia:

“Motivación intrínseca se refiere a la realización de acciones por la mera satisfacción de hacerlas sin necesidad de ningún incentivo externo.”

Creo que cualquiera podría verse reflejado en esa sensación y dar por bueno que se incorpore al lenguaje técnico sin más, pero ahí tropezamos con uno de los principales retos a la hora de investigar la conducta: el de no dejarse llevar por las intuiciones, por lo que creemos sobre el comportamiento humano por muy emisores que seamos del mismo.

Motivación intrínseca vs. extrínseca

Aunque no he dado con el origen, sí creo haber dado con el “boom” de los estudios  que explotaron este falso debate y que todavía, me temo, sigue abierto. Allá por los años 70, desde la psicología social y educativa comenzó lo que sospecho que podría ser una reacción a la escuela de psicología imperante hasta entonces, la conductista. Desde el modelo conductual la motivación se ha venido estudiando como el resultado de la interacción del sujeto con los consecuentes de su comportamiento y los estímulos que anteceden al mismo. Algo que no niega los eventos privados (pensamientos, emociones…), pero que sus detractores insisten en atribuirle.

Así las cosas, y pese a la escasa replicabilidad de los resultados (en metaanálisis a 30 y 40 años vista), se extendió el mito de que las recompensas externas (un “icono” de los experimentos conductuales) socavaban la motivación intrínseca.

Problemas conceptuales: aquí huele a dualismo

Lo primero que delata semejante dicotomía es una visión dualista del comportamiento. Separa dos esferas de la realidad de manera ficticia, como si la una le fuese ajena a la otra. Como si eso que llamamos “intrínseco” no haya podido ser el resultado de algo que fue “extrínseco” en su momento. Me recuerda esto a cierta falacia creacionista, la de la “complejidad irreductible”, según la cual ciertos sistemas biológicos, por su complejidad, no han podido evolucionar de predecesores más simples. Lo cierto es que el aprendizaje, como la evolución, es un proceso perpetuo, en el que una foto fija y descontextualizada puede dejarnos sin pistas sobre qué andamios hubo ahí mientras se construía la pirámide que hoy tenemos delante.

Las (ignoradas) sutilezas del condicionamiento operante

En los estudios referidos son generalmente cuidadosos a la hora de elegir las palabras. Se habla de recompensas (rewards) sin caer en el error común de confundir esto con reforzador. Una recompensa puede pretender serlo, pero el reforzamiento es un mecanismo definido funcionalmente, de tal manera que lo único que cuenta es si el comportamiento tiende a mantenerse o aumentar: si no lo hace, sencillamente no se puede hablar de refuerzo. Sería un disparate afirmar algo así como “el refuerzo no funciona”, en todo caso no se habría identificado un reforzador oportuno. ¿Pero qué convierte a un estímulo en un reforzador? Infinidad de variables, que van desde factores biológicos a otros que tienen que ver con el nivel de privación, la disponibilidad en el medio, el condicionamiento clásico… en resumidas cuentas: la historia de aprendizaje de cada sujeto.

Metodología n=1  frente a la fiebre por las muestras multitudinarias

Tengo la impresión de que se ha establecido un prejuicio según el cual la calidad de un estudio es proporcional al número de sujetos de su muestra. Las investigaciones con pocos saldrían así mal paradas, y no digamos ya los estudios de caso. Nada más lejos de la realidad. La elección de la muestra dependerá del fenómeno a estudiar y del criterio del investigador, de sus pretensiones. Con semejante objeto de estudio, ¿sería el tamaño muestral o la duración del muestreo lo más interesante?, ¿se estudia mejor un fenómeno tan complejo como la motivación con mil sujetos durante una hora o con uno durante mil horas?, ¿están acaso reñidos los n=1 con la posibilidad de replicación?

 

Referencias

Cameron, J., Banko, K. M., & Pierce, W. D. (2001). Pervasive negative effects of rewards on intrinsic motivation: The myth continues. The Behavior Analyst, 24(1), 1-44.

Cerasoli, C. P., Nicklin, J. M., & Ford, M. T. (2014). Intrinsic motivation and extrinsic incentives jointly predict performance: A 40-year meta-analysis. Psychological bulletin, 140(4), 980.

Day, H. I. (1971). Intrinsic motivation: A new direction in education.

Deci, E. L. (1971). Effects of externally mediated rewards on intrinsic motivation. Journal of Personality and Social Psychology, 18(1), 105-115.

Para saber más

Aprovecho para recomendar un par de posts más aplicados de la psicóloga Miriam Rocha Díaz en los que enfoca la motivación desde esta perspectiva:

https://miriamrochadiaz.wordpress.com/2011/06/05/la-motivacion/

https://miriamrochadiaz.wordpress.com/2011/09/02/la-%e2%80%9cfuerza-de-voluntad%e2%80%9d-se-aprende/

 

Imagen de cabecera: Conor McGregor y Floyd Mayweather tras el combate de los 1.000 millones de dólares – (Showtime).

 

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Una respuesta a “El mito de la motivación intrínseca

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