Terapias de tercera generación: luces y sombras. Entrevista a José Olid.

Las terapias contextuales parten de los principios del contextualismo funcional y del conductismo radical y traen a la psicoterapia los principios contextuales del conductismo que, para muchos, fueron olvidados durante años por las terapias cognitivo-conductuales de segunda generación. Nos gustaría compartir algunas reflexiones críticas y debatir sobre las terapias de tercera generación y, para ello, tenemos la suerte de haber entrevistado a José Olid, psicólogo sanitario, formador y divulgador en terapias contextuales.

Ciencia y comportamiento: ¡Cuántas ganas tenía de esta entrevista! Gracias por hacerla posible, José. Dada tu especialización en terapias contextuales, me gustaría que nos dieras tu perspectiva sobre algunos aspectos de las mismas que, a mi parecer, tienen ciertas lagunas. Dejaremos a un lado la crítica teórica (a la TMR), que aunque es fundamental, ya le dedicasteis un magnífico post desde terapias contextuales. Me gustaría que nos centráramos en el modelo y técnicas de intervención psicológica. Empecemos con la Evitación Experiencial. Teniendo en cuenta los principios del contextualismo funcional y el conductismo radical, de los que parten las terapias contextuales ¿No es, en cierto modo incoherente, crear una categoría diagnóstica centrada en la aceptación o no aceptación de experiencias aversivas privadas con un análisis funcional del comportamiento, que tiene un carácter individualizado y se centra en un análisis completo de la interacción funcional entre organismo y contexto?

José Olid: ¡Gracias a ti por facilitarla! Me resulta muy estimulante estar “al otro lado” 😊

No puedo estar más de acuerdo contigo, sin duda es un gran dilema al que yo sinceramente no le he encontrado explicación, he llegado a esa misma pregunta: ¿qué sentido tiene hablar de Trastorno de Evitación Experiencial? Bajo mi punto de vista, ninguno. En mi caso, trato de utilizar palabras algo más exactas. Sería mucho más acertado hablar de Patrón de Evitación Experiencial o de Clase de respuesta, aunque compañeros y compañeras te miren raro (¡parece que si decimos Trastorno somos más profesionales!)

De todas formas, hace tiempo discutía con unos compañeros el significado de la palabra Diagnóstico como descripción y/o análisis de los mecanismos que causan o influyen en el problema. Creo que siempre que pensamos en la palabra diagnóstico se nos viene a la mente una descripción meramente topográfica no funcional, y me pregunto si es posible incluir el análisis funcional del comportamiento como un método diagnóstico. Claramente la definición es “determinación de la naturaleza de una enfermedad”. La enfermedad parece ser aquella alteración más o menos grave de la salud.

Esto también me lleva a plantearme la cuestión de la palabra Trastorno, en el ámbito de lo mental se define como “perturbación de las funciones psíquicas y del comportamiento”, y caigo en la misma cuenta de que le hemos atribuido un carácter médico cuando…bueno, no hay razón por la cuál sólo deba ser así.

¿Podría realizarse un diagnóstico para valorar un trastorno y que esto sea compatible y coherente con la ciencia conductual-funcional? Creo que sí, y que justo esto pone de relieve un gran problema que tenemos: la comunicación. A menudo los problemas son epistemológicos, pero en otros casos es mucho más simple: hacemos “tótems” y argumentamos con falacias cuando realmente en una postura y en otra estamos más cerca de lo que creemos (en algunos casos, no en otros, ni tenemos porqué estarlo).

Ciencia y comportamiento: Me gusta tu perspectiva de “clases de respuesta”. Estoy de acuerdo en que puede haber un patrón de comportamiento algo generalizado que tienda a evitar el malestar y estar en contacto con ciertas emociones, no obstante, esto es fruto, en parte, de la influencia de una serie de variables disposicionales del entorno que hemos ido y que vamos construyendo. De hecho, este patrón de evitación, de existir, responde a una forma de adaptarnos a un contexto gobernado por un concepto de felicidad algo perturbador y disfuncional. Pero desde luego, tenemos que apostar por comunicarnos mejor, aunque ahí, no tengo claro que perseguir el objetivo del diagnóstico (pese a que se intente  funcional), sea el camino.

Revisando algunas de las técnicas que se proponen, por ejemplo, desde la ACT, considero que, en su mayoría, se plantean como algo novedoso cuando ya estaban inventadas o descubiertas desde hacía mucho tiempo. Mismos principios de aprendizaje pero con un “envoltorio”, con un nombre diferente (que por supuesto vende mucho más). Por ejemplo, una de las técnicas de defusión cognitiva consiste en repetir palabras hasta el absurdo, como resultado de esta técnica, se entiende que las palabras ya no elicitarán esas emociones aversivas que antes sí generaban. Me recuerda al planteamiento de Wolpe y su Psicoterapia por inhibición recíproca ¿Los principios de aprendizaje que podrían explicar esta técnica no son los del condicionamiento clásico, concretamente principios de contracondicionamiento?

José Olid:  Aquí estoy de acuerdo contigo: efectivamente, considero que los principios de aprendizaje provenientes del condicionamiento clásico y operante explican y predicen el resultado de estrategias como defusión.

Cuando uno conoce ACT suele cogerla con mucha ilusión, precisamente por lo que dices: es bonita y brillante. Si uno o una tiene curiosidad, va a mirar qué hay debajo de la carrocería; de hecho, no hace falta que mire debajo para que se de cuenta de que todos los procesos de ACT (Hexaflex) tienen muchos aspectos en común. Siendo curioso/a, podrá ver que estrategias de aceptación, mindfulness, etc, tienen un principal efecto: hacen que la persona se quede “quieta” en presencia de una estimulación aversiva determinada. Ese procedimiento ya tenía un nombre… y algo sabemos al respecto, ¿verdad?

Se dice que lo novedoso de ACT también es la dirección del usuario hacia una vida en contacto con sus valores. De nuevo, algo brillante y jugoso pero… ¿qué son los valores? Reforzadores simbólicos, abstractos. ¿De dónde salen esos valores? De la historia de aprendizaje de la persona. También sabemos algo de esto al parecer…

Pero entonces… ¿por qué “defusión y valores” sí mientras que “exposición y reforzadores” no? Como bien dices, es más “vendible”, y esto me hace recordar que hay que hacer que una tecnología sea apetitiva para que sea usada: ¡pareciera que un responsable de marketing fuera mejor analista de conducta que un psicólogo conductual!

Pero este asunto da para otra entrevista, vuelvo a centrarme: en mi caso, he de decir que aún no puedo afirmar con total rotundidad que RFT no es necesaria para explicar procesos como defusión o similar, dado que hay asuntos en los que sigo dudando y la información que tengo al respecto no me resulta suficiente. Por suerte puedo dedicarme a avanzar en algunos proyectos muy relacionados… así que espero poder responder con mayor firmeza pronto en un sentido o en otro. De momento, la duda me parece totalmente legítima y necesaria, como poco.

Ciencia y comportamiento: Me está encantando descubrir los planteamientos tan cercanos que tenemos, muy de acuerdo con todo lo que planteas y sí, en algún punto deberíamos preocuparnos también de vendernos bien, sin abandonar nuestra esencia científica.  Me llama la atención el posicionamiento de muchos terapeutas contextuales  con los que he coincidido frente a las técnicas cognitivas. Por supuesto, entiendo y comparto la crítica al planteamiento teórico y conceptual de las terapias cognitivas, pero no veo razones suficientes para rechazar de pleno la tecnología que aporta ¿Cuáles son los argumentos teóricos o empíricos que esgrimís para no hacer uso de técnicas como la reestructuración cognitiva?

José Olid: ¡Muy buena pregunta! Responderé de manera directa según creo que es la postura más representativa: desde la ciencia conductual-contextual no se rechaza en absoluto el uso de estrategias cognitivas, la diferencia está en los mecanismos de cambio.

Ante la pregunta “¿Por qué funcionan las estrategias cognitivas?” un investigador o clínico conductual-contextual te responderá que funcionan por el moldeamiento verbal que el terapeuta realiza, es decir, por la respuesta funcional y discriminativa en base a diversas verbalizaciones del cliente. Esto es claramente diferente a afirmar que las técnicas cognitivas funcionan porque el terapeuta trabaja directamente con los pensamientos y es ese cambio interno no observable el que opera el cambio público observable, afirmación que sería más propia a un paradigma cognitivo o cognitivo-conductual.

Si me vieras en consulta en diferentes momentos con diferentes personas, podrías constatar que pongo en marcha formas de comportamiento o técnicas/estrategias muy similares a las que pueden usar terapeutas dinámicos, gestálticos o cognitivos puros, además de por supuesto conductuales (ya sabemos que toda estrategia es, necesariamente, conductual, aunque cabe utilizar esos términos con fines prácticas y de comunicación). Esto puede hacer pensar que “todo vale”, y nada más lejos de la realidad: uno puede ser ecléctico en la forma/técnica, no así en la filosofía en la que se apoye.

Por tanto, no creo que exista un argumento válido para afirmar que no se debe usar una técnica como reestructuración cognitiva: de hecho, terapeutas que adopten una filosofía conductual-contextual seguramente estén de acuerdo en que modifican pensamientos, claro, mediante la conducta pública observable.    

 Ciencia y comportamiento: ¡Qué gusto oírte! Claro, como analistas del comportamiento tenemos muy claro que, se llame como se llame la técnica, ésta funciona porque ponen en marcha una serie de principios de aprendizaje; ya sea una técnica cognitiva o sistémica. Hablas de moldeamiento verbal en reestructuración cognitiva que es exactamente lo que se ha hallado en nuestro equipo de investigación 😀  así que no sabes qué feliz me hace saber que tenemos tan clara la perspectiva.

Pero quería reflexionar contigo un poco más sobre este tema, dado que sí me he encontrado con terapeutas contextuales que efectivamente  rechazan el uso de ciertas técnicas cognitivas e intentan dar un argumento “teórico” al respecto de dudosa validez. Justo veo aquí un problema de las terapias contextuales; vender bien nuestra tecnología para llegar a más personas está bien pero hay un lado negativo y es caer casi en “comprar una prenda nueva más bonita” sin una rigurosa formación teórica que nos permita entender que la clave no es una técnica o la otra sino lo que hay detrás de cada una.

José Olid: ¡Es un dilema al que me enfrento a diario, Rebeca! En nuestro portal, nos interesa A) La formación de calidad y B) La divulgación. ¿Cuál es el problema?: las personas a las que nos dirigimos pueden no estar de acuerdo con nosotros en lo que consideran “calidad”.

Muy a grandes rasgos, si pudiéramos hacer una mega-encuesta de alguna manera, un gran porcentaje de las personas dedicadas a la Psicología afirmarían algo así como “Sí, sí, la Psicología es una ciencia pero hay cosas que van más allá, la ciencia no lo explica todo”. Entonces, aquí nos planteamos: nos interesa muchísimo llegar a estas personas, personas que no valoran lo que nosotros valoramos. Y en este punto quiero detenerme algo y hacer énfasis: debemos ser muy conscientes de que las personas a las que nos dirigimos a la hora de comunicar no necesariamente tienen nuestras opiniones ni quieren lo que nosotros consideramos que es genial, por eso debemos hablar con esas personas, conocerlas y disponer las condiciones bajo las cuáles podamos crear algo que estén dispuestas a leer, disfrutar, aceptar.

Si nosotros valoramos la formación y divulgación científica de calidad y lo presentamos como propuesta de valor, el gran porcentaje de nuestro público va a ser personas que ya están convencidas de eso… y seamos honestos, ese público representa una porción muy pequeña de toda la comunidad psicológica.

Bajo mi punto de vista, la solución reside en “derivar funciones apetitivas” a cualquier estímulo relacionado con la ciencia psicológica, la rigurosidad, etc (algo que en SAVECC y Soyanalistaconductual hacen de una manera excepcional): tenemos que hacer que ese conocimiento y tecnología mole, y mole mucho, mole tanto que cualquier psicólogo/a se acerque lo suficiente (y se quede) como para recibir la formación teórica necesaria y disfrutar de ello, antes que empezar a aburrirse porque no se están dando metáforas, ejercicios experienciales chulos y otros shows que no tienen sentido alguno (más allá del espectáculo) sin la parte previa (y posterior, claro). Esta idea que planteo no está libre de problemas y dificultades (¿esto no es “usar el marketing a toda costa” al fin y al cabo?, ¿dónde está el límite?, etc) … creo que esto da para otra entrevista, encuentro o similar, dado que me resulta un tema tan atractivo como necesario (también, muy polémico).

Creo que eso es nuestra labor, nada fácil: hacer muy atractiva la ciencia psicológica sin perder los principios en el camino, siendo flexibles sin rompernos (y paro aquí antes de hacer una metáfora Zen :P)

 Ciencia y comportamiento: Desde luego, hay que llegar a quienes todavía no llegamos ¡Toda la razón! Ahí nos falta dirigir nuestros esfuerzos y quizá nos falta encontrar más puntos de acuerdo en el cómo. Para cerrar la entrevista, me gustaría aclarar varios aspectos: Por una parte, la ciencia del comportamiento aplicada a la psicología clínica o sanitaria, aún tiene mucho camino por recorrer y la crítica y escepticismo con respecto a algunas de sus teorías y terapias no significa que haya una única fórmula correcta, completa y maravillosa, sin fallos, que dé respuesta a todo. En segundo lugar, a pesar de que me he enfocado en señalar únicamente algunos aspectos críticos de las terapias contextuales, no significa que no haya otras aproximaciones o matices que me parezcan adecuados, por ejemplo, la FAP es una de las terapias con mayor coherencia teórica y técnica que podría considerarse como una verdadera aportación tecnológica. Desde tu perspectiva crítica, José ¿Cuáles dirías que son los puntos fuertes y débiles de la FAP? ¿Cuáles han sido sus aportaciones más relevantes al campo del análisis conductual en contextos clínicos?

José Olid:  FAP es un modelo genial, tremendamente pragmático y a la vez más exigente para el terapeuta de lo que se puede pensar a priori: creo que es un claro ejemplo del dicho “fácil de practicar, difícil de dominar”.

Como principal atractivo destacaría la aplicación directa de los principios de aprendizaje a la relación terapéutica. Hasta FAP, uno podía leer mucho sobre alianza terapéutica, calidez en consulta, escucha activa, habilidades del terapeuta… todos sabíamos cómo responder a “qué”, pero pocos habían tratado de responder a “cómo”. FAP permite definir funcionalmente lo que antes era pura niebla, y esto es muy potente: sienta las bases para describir, explicar y predecir todos los comportamientos y clases de respuesta involucrados en una buena relación terapéutica. La aplicabilidad de esta tecnología es increíble: podemos “crear” relaciones terapéuticas eficaces, y también podemos “crear” terapeutas que sean mucho más eficaces y eficientes… ahora sabemos cómo.

Como punto débil, en mi opinión, me resulta un gran rompecabezas el uso de diseños de investigación para obtener resultados que sean válidos y fiables en FAP. Dado que es un enfoque totalmente ideográfico, la cantidad de información que debe ser analizada para sostener una evidencia empírica equiparable a otros paradigmas y tecnologías me resulta desbordante. Sin duda podemos avanzar en ello, tal y como dices ya existe buena información que la avala como una terapia eficaz, pero creo que el avance será más lento y problemático que en modelos no ideográficos (lo cual considero que no podría ser de otra forma, claro).  

Por último, en cuanto a la principal aportación a la práctica clínica, considero que es el abordaje de dificultades que anteriormente no eran muy “manejables”: la manera en que se operativiza el Yo (como una construcción verbal bajo control interno y externo) es algo increíble, y permite bajo mi punto de vista llegar donde no ha llegado ninguna otra explicación y/o aplicación técnica antes. Existen abordajes que se muestran mínimamente eficaces para los trastornos de personalidad, pero ninguno había explicado ni mostrado exactamente qué es un trastorno de personalidad y cómo se desarrolla: FAP y su teoría sobre el desarrollo de Yo (o mejor dicho… desarrollo de respuestas verbales tipo Yo) es la base para ello.

 Ciencia y comportamiento: Amor compartido hacia la FAP ¡Muchísimas gracias por la entrevista! Es maravilloso poder tener la oportunidad de reflexionar y debatir sobre aspectos fundamentales de nuestra disciplina y aprender de ello.

José Olid:  Gracias a ti, Rebeca, por esta estupenda oportunidad de comunicar: las preguntas realizadas han sido de calidad 😊

 

José Olid

José Olid es Psicólogo General Sanitario, Máster en Práctica Clínica y Responsable de formación en http://www.terapiascontextuales.com

Puedes saber más de José Olid en http://www.joseolid.com/quienes_somos.html

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*Imagen de cabecera extraída de PhotoPin. Autoría: photo credit: _Hadock_ <a href=”http://www.flickr.com/photos/7992704@N05/31443906353″>I Walk Alone</a> via <a href=”http://photopin.com”>photopin</a&gt; <a href=”https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.0/”>(license)</a&gt;

 

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